jueves, 22 de abril de 2021

¿Por qué algunos hombres maltratan y matan a las mujeres?

 




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 Experta en ciberdelincuencia y violencia de género.
Las cifras de mujeres asesinadas por parejas y ex parejas sigue en aumento y es, en la actualidad, un tema que, aunque odioso, se debate a diario en medios de comunicación. 
Y a pesar de todas las medidas llevadas a cabo, el caso de víctimas asesinadas por sus parejas sigue en aumento.
Y la sociedad se pregunta: ¿Por qué algunos hombres maltratan y matan a las mujeres?
Los hombres que matan a sus parejas actúan con plena conciencia. 
Un estudio del CGPJ concluye que sólo el 8,8% de los casos tenían como atenuante las drogas o las alteraciones psíquicas.
Estos hombres no están locos o tienen sus facultades psíquicas alteradas, ni son drogadictos o alcohólicos, sino que actúan no solo con premeditación, sino con plena conciencia de lo que las acciones que llevan a cabo. 
Se puede afirmar que, en todo caso, son extremadamente violentos. Así lo afirma un estudio del grupo de expertos en Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). 
El estudio analiza que en ocho de cada diez asesinatos, el agresor utilizó un solo procedimiento o medio de ataque (v.gr. puñaladas, por axfisia o tirando a la víctima por un balcón) y el 26,1% restante, combinó dos y hasta tres tipos de agresión para acabar con la vida de la victima.
Además, según el CGPJ, en 55 de los 147 homicidios analizados, el agresor utilizó sus propias manos y mató a su víctima estrangulándola o con objetos contundentes, precipitación o inmersión en agua.
En cuanto al grado de violencia, el Informe explica que en los casos en los que se ha asesinado con un arma blanca, el autor había apuñalado a la víctima una media de dieciséis veces, lo que denota la evidente “brutalidad de la acción “, como expresión incontestable de un elevado nivel de violencia en la ejecución de los hechos.
Otro dato a considerar es el relativo a que los maltratadores que se convierten en asesinos por violencia de género suelen tener entre 31 y 65 años, tal como se deduce de las sentencias relativas a homicidios y asesinatos producidos en materia de violencia machista. 
En la mayoría de los casos existía previamente maltrato, y se había inferido agresiones físicas y verbales a la victima antes de producirse el homicidio. 
Otro dato habitual es que la muerte de la misma se produjo sin testigos. En algunas de estas sentencias se lleva a cambo una descripción de cómo son, y cómo actúan los hombres que maltratan y matan a las mujeres.
A título de ejemplo, se puede contar el caso cierto de Celso o “El día que vaya a por ti te voy a matar”.
Celso había mantenido una relación de dos años con su víctima. Desde el comienzo de la convivencia, el procesado fue sometiendo a su compañera sentimental a continuos malos tratos físicos y psíquicos, y constantes vejaciones.
Pasado un tiempo, ella acabó con la relación y le denunció por primera vez pero “él la mantenía en un clima profundo de hostigamiento, sometimiento, y temor, ya que pretendía mantener una constante comunicación con la víctima, que trajeron como consecuencia la reanudación de la relación, hasta que un año después, ella rompió de manera definitiva con él.
Celso continuó acosando a su víctima insistentemente. 
En uno de estos episodios, un mes antes de matarla, se acercó a ella mientras estaba en la playa de Nerja, le quitó el teléfono móvil y le borro todos los mensajes “intimidatorios” que ella recibía de él. 
Después, paso “su mano por su cuello en tono intimidatorio”. 
Ella acudía siempre a la Comisaría de Policía a denunciarle siempre que ocurría un incidente de estas características, y en uno de los atestados policiales se recogió el siguiente mensaje que Celso le había enviado: “Porque te has reído de mí, vas a pagar por eso, te voy a quitar la vida, me da igual el Policía que va contigo, el día que vaya a por ti te voy a matar, vas a pagar todo el daño que has hecho, te voy a mandar a tu país en un ataúd, sea cuando sea, te matare”.
El día que le mató, él espero a que el agente policial que siempre la acompañaba en sus desplazamientos la dejara en el bar donde trabajaba de camarera. Celso entró en el local y le asestó 18 puñaladas, había cumplido sus amenazas. 
Fue condenado a 18 años de prisión por un delito de homicidio, malos tratos continuados, amenazas graves y malos tratos físicos.
Otro caso que evidencia la violencia derivada de este tipo de acciones es el de Justiniano, o “¿Qué? ¿ Se ha muerto ya?”.
Tras quedarse viudo, Justiniano, que por entonces tenia 57 años, volvió a casarse con la mujer a la que una década después acabaría matando. 
Al prejubilarse como conductor de autobuses, el matrimonio se trasladó de Las Palmas de Gran Canaria a Lanjaron (Granada). 
Él nunca permitía que ambos se sentaran juntos a la mesa, ni cuando les visitaba la familia de ella.
Exigía que mientras él estuviera comiendo, su esposa le sirviera y la ayudara con los cubiertos. 
Él consiguió que ella dejara de ver a su familia, y cuando proyectaba un viaje para ver a sus allegados, él siempre le decía que estaba enfermo y reclamaba su presencia y su atención.
Seis meses antes de matarla, y tras una discusión, Justiniano la pidió el divorcio. 
Siguieron viéndose porque él continuamente le llamaba para que le limpiara la casa y le cuidase. “La situación de angustia” en que se encontraba ella, hizo que un día acudiera a la Concejalía de Bienestar de su localidad diciendo, que no quería ser un número más, en clara referencia a la triste estadística de mujeres muertas a manos de sus parejas.
Los que le atendieron, agentes, técnicos, señalaron en el juicio “el estado de miedo, de auténtico pánico que tenía a Justiniano por lo que pudiera hacer, o por cómo reaccionaría si llegaba a enterarse de las actuaciones que ella había emprendido.
Cuando por fin ella había decidió denunciarle, él le reclamó una última vez más para que le acompañara al hospital. 
En el viaje de vuelta, golpeó a un camión tras un adelantamiento brusco. Ambos vehículos se pararon en el arcén de la autopista, momento en el que el aprovechó para salir del vehículo y alejarse de él en dirección contraria mientras gritaba: “¡Este hombre está loco, me va a matar!”.
Tras comprobar ambos conductores que no había daños, Justiniano se montó en el vehículo y se dirigió “marcha atrás, hacia su víctima, quien caminaba de espaldas al vehículo. Cuando se acercó a ella acelero bruscamente y la arrolló pasándole por encima”.
Tras atropellarla, bajó del coche y despreocupado por la suerte de su ex esposa, que había quedado malherida en el pavimento, se puso a caminar. 
Los conductores que pararon comenzaron a realizarle maniobras de reanimación, mientras él la contemplaba impasible y hasta en dos ocasiones les preguntaba de forma despreciativa: “¿Qué? ¿Se ha muerto ya?”. Justiniano fue condenado a 24 años de prisión por asesinato, violencia familiar habitual y maltrato.
Una de las teorías más aceptadas para explicar por qué algunos hombres agreden y matan a sus mujeres se atribuye a la producción de esta tipología de acciones, a la posesividad sexual masculina. 
Según varios estudios, esa característica refleja la asunción por parte del hombre de su derecho y autoridad para controlar lo que percibe como suyo y, desde este punto de vista, la violencia machista, el asesinato incluido, es el resultado de un intento de limitar por la fuerza la independencia y la autonomía femenina. 
En la gran parte de los casos, la muerte de la mujer es parte de un plan premeditado. En un estudio publicado recientemente en Agression and Violent Behaviour, y titulado “La maté, pero nunca le puse un dedo encima”, dos investigadoras del Colegio Emek Yezreel de Acula, (Israel), sostienen que el asesinato no es el clímax de una escalada violenta, sino un fenómeno distinto al maltrato con distintas motivaciones, en el que concurren diferentes factores de riesgo, y además, un estado mental singular.
“Hablando, actuando, en todo, la mujer tiene más fuerza. La única fuerza del hombre son sus puños…”. Para apoyar su tesis, Ruhama Goussinsky y Salir Yassour-Borochowitz entrevistaron a 36 hombres, 18 eran violentos con sus mujeres, y otros tantos habían sido condenados por matarlas o por haberlo intentarlo. 
En sus declaraciones, los simples maltratadores muestran una disposición completamente distinta a la de los homicidas o asesinos, según dichas autoras. 
Los primeros actúan impulsados por la esperanza de que la violencia les servirá para mantener controladas a sus mujeres. y en los segundos predomina la desesperación ante la pérdida de la pareja. 
Cabe destacar que las explicaciones y las justificaciones con las que los hombres tratan de dar carta de naturaleza a sus actos, recogidas en el artículo, son más allá de lo inaceptable, sencillamente espeluznantes.
Así, entre otrass afirmaciones se encuentra aquella en la que se dice lo siguiente: “Mira yo era el soberano en casa”. 
Lo decidía todo, si decidía comprar, se compraba, si decidía que íbamos a salir, salíamos. Yo mandaba y ella obedecía. 
No había ninguna confrontación y la vida era genial. Entonces, de repente, empezó a inmiscuirse, diciendo que sí a esto y no a lo otro, y ¿porqué? ¿por qué compraste esto, y no eso otro?, ese tipo de cosas. Me sacaba de mis casillas cada vez minaba más mi autoridad y por eso la golpeaba una y otra vez”.
En los casos de maltratadores, la violencia es una herramienta para mantener a la mujer sometida a sus deseos.
Frente a lo barato jurídicamente, hablando de una manera coloquial, que sale el maltrato, el asesinato tiene un coste muy elevado para quien lo perpetra, algo que, junto al hecho de que se destruye el objeto que se quiere controlar, hace que las investigadoras se inclinen por caracterizarlo principalmente como un fenómeno de carácter separado. 
En este caso, las declaraciones de los asesinos, que en un 75% de los casos actuaron ante la intención de la mujer de abandonar al hombre, reflejan una desesperación por la pérdida de lo que, según ellos, es lo único que da sentido a sus vidas.
“No podía vivir, no podía funcionar sin ella… No tenía nada que perder. Todo lo que tenía que perder era ella, y lo perdí y ya está, y no quería nada más… Y cuando decidió dejarme, ya no tenía nada que perder, no me quedo nada y la maté”.
En estas circunstancias, explica Goussinsky, se inicia una cascada de fenómenos y sentimientos que pueden acabar en el asesinato: ”Cuando la separación se concibe como una pérdida de identidad, del yo; cuando la realidad está vacía de otras fuentes de significado; cuando la concepción de la masculinidad, que incluye el poder, el honor y el control, convierte la propia dependencia de una mujer en una experiencia de debilidad e impotencia, entendida como un golpe humillante al orgullo masculino; cuando el sentimiento de necesidad se añade a una personalidad rígida; cuando la rigidez se añade a la agresividad, cuando la agresividad justifica el amor, y cuando el amor legitima los peores tipos de actos bajo el disfraz de un ideal social. Cuando todos estos factores se combinan, se dan unas condiciones de alto riesgo”.
El homicida o asesino justifica sus actos atribuyéndolo a una pérdida de control momentánea, la mayor parte de los hombres llegaron al lugar del crimen con armas de fuego, armas blancas o algún objeto contundente. 
El acto violento tenía la intención de acabar con la muerte de la mujer, por lo tanto, no es la pérdida de control lo que mejor caracteriza las circunstancias del crimen. Más bien, es el resultado de la elección de perder el control.
Por todo ello, y a modo de conclusión y de reflexión final, cabe preguntarse: ¿Qué les pasa a estos hombres que siguen sintiéndose dueños del cuerpo, del tiempo, de la sexualidad, la autonomía, la palabra, el pensamiento, el dinero, los hijos, el amor, los sueños, y en definitiva de la vida de las mujeres?

La genialidad detrás de los trastornos del Aprendizaje

 



Albert Einstein, Leonardo da Vinci o Thomas Edison
Albert Einstein, Leonardo da Vinci o Thomas Edison
Foto propiedad de: Internet

Los trastornos del aprendizaje por lo general son catalogados como problemas que tienen los niños o los adultos para estudiar o comprender las clases o la vida cotidiana. Pero, recientemente la ciencia está encontrando pistas sobre una posible relación entre los trastornos del aprendizaje y la genialidad. 

A lo largo de la historia, los genios han tratado de hacer realidad sus sueños sin poner atención a las limitaciones que han tenido a lo largo de sus vidas. Ellos no siguen reglas, simplemente desarrollan su genialidad y gracias a ellos es que en la actualidad contamos con tantos avances científicos. 
Existen teorías que dicen que los genios de la ciencia como Albert Einstein, Leonardo da Vinci o Thomas Edison podrían haber padecido dislexia, un problema de aprendizaje que se basa en la alteración de la capacidad para leer y escribir, ya que las personas confunden o alteran el orden de las palabras. 
De acuerdo a la CNN, existen numerosos ejemplos de personas con dificultades en el aprendizaje y problemas de desarrollo mental que están o han hecho cosas extraordinarias. Por ejemplo, un niño con autismo que es un maestro en la construcción de Legos, una persona con Síndrome de Asperger que sabe más que cualquiera acerca de la historia presidencial de los Estados Unidos y un niño con dislexia que es un chef experimentado.

En el libro “The Power of Different: The Link Between Disorder and Genius”, la psiquiatra Dr. Gail Saltz dice que las mismas diferencias en el cerebro que causan la dislexia, la depresión y el autismo son las que hacen que estas personas tengan muchas más habilidades creativas y musicales y una mayor empatía para visualizar las cosas de una manera diferente. 

En la misma entrevista hecha por la CNN a la Dra. Saltz, la doctora dice que muchos empresarios exitosos tienen el Trastorno de Déficit de Atención (TDA), que se trata de un trastorno de carácter neurobiológico que se caracteriza por la falta de atención, hiperactividad e impulsividad. 

En otro estudio hecho por la Universidad Northwestern, se encontró que existe una ventaja significativa a la impulsividad, en este caso, las personas con TDA, que tienen un menor control de sus impulsos, tienden a actuar de una manera más creativa en sus pensamientos al contrario de las personas que no tienen Déficit de Atención. 
De acuerdo a la Dra. Saltz, las personas con dislexia tienen una gran probabilidad de tener una aptitud inusual en cuanto a las relaciones visual-espaciales. Esto tiene que ver con las conexiones que tienen en el cerebro que dificultan que la persona lea o haga cosas de una manera en particular. Estas mismas conexiones cerebrales permiten que la persona tenga una especie de habilidad en la visión periférica y en el procesamiento del reconocimiento de patrones. 

Saltz hace reconocimiento en su libro a un investigador y profesor clínico de la Universidad de Harvard, la Dra. Beryl Benacerraf con una dislexia severa que a pesar de su condición desarrolló un ultrasonido genético que ha ayudado a los médicos a analizar a los bebés que tienen síndrome de down al poder estudiarlos genéticamente desde que se encuentran en el vientre de su madre por medio de este ultrasonido. La doctora Benacerraf tuvo una gran dificultad para pasar el examen de admisión a la carrera de Medicina y hasta tuvo que recurrir su padre a contactos para que la dejaran entrar a hacer su posgrado en la Universidad de Harvard, pero ya estando ahí, descubrieron que la doctora en realidad era una persona extremadamente inteligente, solo que su manera de comprender las cosas era diferente a la de los demás estudiantes y no fue hasta que se le reconoció que su manera de aprendizaje era distinta cuando la doctora comenzó a destacar. 

Vivimos en el mundo del promedio, todo se mide y está basado en los promedios. El sistema educativo está hecho para la gente promedio y es por eso que los niños súper dotados no tienen las mejores calificaciones en la escuela, ya que ellos se salen del promedio. 

Un ejemplo es un niño con dislexia, Déficit de Atención e Impulsividad que es grandioso para las cuestiones artísticas y para los problemas matemáticos siempre y cuando sean verbales, pero por su dislexia y su TDA no logra prestar atención en clases y suele estar reprobado siempre. Pero, al realizarle estudios a este niño nos damos cuenta que su Coeficiente Intelectual está por arriba del promedio e incluso en algunas áreas destaca de más poniéndolo en la categoría de súper dotado. Aquí la culpa no es del niño sino del sistema educativo que está hecho para los niños promedio. Si a un niño con trastornos del aprendizaje se le diera la orientación necesaria podría desarrollar una infinidad de cosas, pero lo que hacemos es en lugar de ayudarlo lo catalogamos como “burro”, “menso”, “distraído” y el niño crece pensando que es así en lugar de desarrollar sus potencialidades.

Todos los genios suelen tener dificultades de adaptación y problemas de aprendizaje. Hay que saber tratar a estos niños para que en lugar de ser incomprendidos podamos dejarlos desarrollar el gran potencial que tienen al crear más y mejores sistemas educativos que se adapten al niño que piensa diferente y poder hacer de este un mundo mejor.

martes, 20 de abril de 2021

Técnicas para relajarse y serenarse

 




Ejercicios de respiración y relajación para combatir el estrés y el dolor. El aprendizaje de estas técnicas requiere de toda la atención, y para ello hay que evitar todo lo que pueda distraernos.

Para acostumbrarnos es necesario unas dos o tres semanas de practica. Una vez que nuestro cuerpo y mente hayan aprendido a relajarse, podemos hacer en cualquier momento que lo deseemos.

Debemos regalarnos un tiempo diario de 20 o 25 minutos. Buscar un lugar donde no nos molesten, ni nos distraigan. Un buen momento para aplicarlas las técnicas de relajación es cuando nos acostamos, y también cuando estamos preocupados o doloridos.

Respiración

ejercicios de respiración profunda ayudan a relajarnos. En caso de dolor, junto con la medicación, estos ejercicios son de gran utilidad.

Lo primero es aprender a respirar, a usar plenamente los pulmones y estar consciente del ritmo de nuestra respiración. Para lograrlo estos son los pasos a seguir:
1) Respiremos lenta y profundamente.

2) Cuando sacamos el aire, observemos cómo se relaja nuestro cuerpo, cómo cede la tensión.

3) Ahora respiremos rítmicamente de una manera que nos resulte natural.

4) Para ayudarnos a concentrarnos en la respiración podemos decir en silencio. ''Inspirar, uno, dos'', ''exhalar, uno, dos''. Cada vez que exhalamos o soltamos el aire podemos repetir en silencio una palabra que nos ayude a relajarnos: ‘'paz'', ''tranquilidad'' o ‘'me sereno, me estoy serenando'', por ejemplo.

5) Realicemos los pasos uno al cuatro una vez y repitamos los pasos tres y cuatro durante veinte minuto.

6) Finalmente, suspiremos lenta y profundamente. Digamos en silencio ‘'me siento tranquilo-a ‘'me siento relajado-a, ‘'estoy sereno/a”.

Relajación

Frente a situaciones difíciles el cuerpo reacciona poniendo los músculos tensos o apretados. Esto causa dolor o molestias.

Respieración, relajación, meditación....

 





Como reza el antiguo adagio hindú: "No basta con pronunciar la palabra "luz" para que la lámpara se encienda." Hay que encenderla. Y la mediación nos enseña a meditar, pero hay que practicarla. Existen unos ejercicios de gran ayuda psicosomática y de enorme capacidad transformativa, que están al alcance de cualquier persona, sea joven o anciana, sana o enferma. Recojo tres de ellos que pueden cubrir una sesión de media hora o más de meditación y que son sumamente eficaces. Lo importante es practicar con alguna asiduidad. Para ello:
- Se selecciona una estancia tranquila y en lo posible se evita durante el tiempo dedicado a la sesión, ser molestado.
- Puede uno sentarse sobre un cojín en el suelo o una silla, con tal de tener el tronco y la cabeza erguidos, tratando en lo posible de ir inmovilizando la posición o, cuando haya que hacerlo, de moverse muy lentamente.
- La respiración debe ser pausada y uniforme, por la nariz.
- La mente tiene que estar muy atenta y se dirige al ejercicio. Cada vez que el practicante comprueba que la mente se desvía, debe cogerla con firmeza y paciencia y llevarla de nuevo al ejercicio.
- Hay que tratar de mantener la ecuanimidad o firmeza de mente.
PRIMER EJERCICIO: LA ATENCION A LA RESPIRACION.
Respirando con toda naturalidad (no se trata de un ejercicio respiratorio), por la nariz, se retira la mente de todo y se concentra en la respiración. Se va siguiendo el curso del aire, libre de ideas o discurso mental, pues se trata de un ejercicio de atención pura y percepción y no de pensamiento. La mente va siguiendo, en cada momento, el curso de la respiración. No se piensa, no se analiza, no se reflexiona.
SEGUNDO EJERCICIO: LA CONTEMPLACION DE LOS CONTENIDOS DE LA MENTE.
Se permanece atento a la propia mente, convirtiéndose uno en testigo muy atento e inafectado de todo lo que faya surgiendo en el espacio mental. No se interviene ni para provocar ni para suspender los pensamientos, sino que solamente se observa desde cierta distancia, sin interferir. Que la mente se mueva como ella quiera, pero la persona observa, muy atenta y desapegadamente, todo lo que discurre por la misma. Ni se aprueba ni se desaprueba. Da igual si lo que viene a la mente es bonito o feo, grato o ingrato, concluso o inconcluso. Se observa desde la máxima ecuanimidad, sin reaccionar. Si en un momento dado el practicante se percata de que los pensamientos le han arrastrado, trata de volver lo antes posible a su puesto de testigo.
TERCER EJERCICIO: LA MEDITACION EN EL SER.
También se le denomina la meditación del silencio interior, y es una técnica muy importante de recogimiento e interiorización, pudiendo a través de ella desarrollar la pura percepción de ser. Esta técnica se basa en tres puntos:
a) Desconectar la mente durante unos minutos de la vida cotidiana, dejando fuera de ella las ocupaciones, preocupaciones y cualquier actividad.
b) Ignorar los pensamientos, que son como nubes que vienen y parten, pero que no deben arrastrarnos.
c) Llevar hacia adentro todo el interés, energía y atención, para irse sumergiendo más en uno mismo, cultivando un estado interior de silencio y de presencia de sí. No la idea o conceptualización de sí, sino la sensación pura y desnuda de ser.
Cada vez que el practicante se de cuenta de que la mente se ha exteriorizado, debe tomarla con firmeza y levarla hacia adentro, profundizando en la sensación de ser.
Estas son tres técnicas excelente, del medio centenar de métodos que recojo en mi obra "El Gran Libro de la Meditación". Hay que tratar de encender la motivación (practicar para beneficio propio y de los demás) y ser constante. Así la mente se va transformando y se van actualizando los factores de iluminación.
Además de la práctica de la meditación sentada, es conveniente permanecer atentos y sosegados en la vida diaria, centrados en aquello que pensamos, decimos o hacemos. Esta es la denominada práctica de la atención total, que absurdamente se le denomina en muchos textos "mindfulness", como si no tuviéramos en castellano un vocablo lo suficientemente rico para expresar lo que el término significa. Para ello es mejor utilizar el vocablo original, acuñado por Buda, que es satipatthana o establecimiento de la atención mental pura, que es la que, libre de juicios y prejuicios, se limita a registrar en el aquí y ahora.
Ramiro Calle
Director del Centro Sadhak

¿Sientes que te ahogas?

 





Uno de los principales avisos de que tienes altos niveles de estrés o ansiedad, es sentir que te ahogas.  Esto puede ser por causas físicas o por emocionales, revisa a continuación qué puedes hacer al respecto.
Recuerdo esas veces en las que sentía que algo en mi cuerpo iba a dejar de funcionar correctamente, queriendo controlar yo misma esos procesos que se dan por sí solos, como es la respiración. Al querer controlarla, tan sólo aumentaba la tensión y me obsesionaba con el tragar saliva, generándome efectivamente una sensación de ahogo.
Es importante que sepas que la respiración y el tragar son dos funciones que tu cuerpo hace de manera automática, y lo más importante, es que necesitas dejar que haga lo que mejor sabe hacer: sobrevivir. En el momento que intervienes con tu mente, le pones tensión y aumentas los síntomas de incomodidad.  Ayúdale a tu garganta, a tu pecho y a tu nariz a realizar sus procesos, hazlo aprendiendo a respirar y a relajarte, pero sobre todo, confiando en tu cuerpo.

¿De qué manera sientes que te ahogas?

  • Te cuesta trabajo tragar saliva
  • Te falta el aire y sientes oprimido el pecho
  • Al tragar agua, pastillas o comida
  • Sientes taquicardia y con esto, la respiración agitada
  • Sientes un bloqueo en tu garganta que te genera presión y dolor
  • Te obsesionas con pensar si puedes pasar saliva o no
  • Simplemente sientes que te ahogas

¿Por qué sientes que te ahogas?

Las causas principales que he identificado de por qué sentimos que nos ahogamos son físicas, emocionales, mentales y metafóricas:
Físicas
  • Tienes tensión acumulada en tu garganta, ocasionada por apretar por mucho tiempo la quijada
  • Tu manera de respirar es acelerada o a nivel de pecho pero no a nivel de diafragma
  • Tienes tensión en tu espalda y tu pecho que generan que se aprieten los músculos y te hagan sentir que no puedes respirar
  • Tienes mucosidad acumulada en tus vías respiratorias, principalmente por no sonarte cuando lloras o simbólicamente, por no dejar ir lo que te pone triste y aferrarte a eso
  • Estás acostumbrado a dejar de respirar por pequeños momentos en los que experimentas un pico de estrés o ansiedad y esto genera un patrón en el que simplemente no respiras adecuadamente
Emocionales
  • Tienes emociones de dolor o tristeza acumuladas, literalmente, traes un nudo atorado que necesita salir
  • Te quedas callado por mucho tiempo sobre lo que piensas o sientes
Mentales
  • Tu mente está obsesionada con asegurarse que respiras y que tragas bien
  • Tuviste una mala experiencia ahogándote al tragar algo, y ahora crees que no tienes control sobre tu garganta y que puedes ahogarte de nuevo o en cualquier momento
  • Te sientes en peligro, estás con tu mente en alerta y esto acelera tu respiración y tensa los músculos de tu cuerpo
  • Quieres controlar tu respiración y tu acto de tragar (ambos los realiza tu cuerpo de manera automática, al querer controlarlos los tensas)
Metafóricas
Yo he encontrado una relación entre el no poder respirar, con situaciones específicas en la vida que tienen que ver con eso.
Por ejemplo, si sientes que no puedes respirar por bloqueo en la garganta o nariz
¿Te sientes ahogado por alguna persona? ¿Te ahoga alguna situación que estás viviendo? ¿Qué sientes que no puedes tragar? ¿En qué sientes que no estás logrando sobrevivir o superar? ¿ Qué te asusta? ¿Qué cosas te tragas y no dices? ¿Cuántos sentimientos te aguantas sin expresar?
Y si sientes que no puedes respirar por tensión en el pecho
¿Qué dolores o penas no has logrado superar? ¿Por qué no te sientes amado en tu vida? ¿Se te dificulta demostrarle tu amor a los demás? ¿Qué desilusiones no has logrado dejar atrás? ¿Por qué sientes que no vale la pena vivir? ¿Quién te ha lastimado, y por qué no te animas a perdonar?

Y entonces… ¿Qué hacer?

1. Aprende a respirar
¿Cómo te das cuenta que un bebé está respirando? Por su movimiento de diafragma, su panza se infla y se desinfla como globo.  ¿Y cuántos adultos ves respirar así? Muy pocos verdad? Bueno, pues porque hemos olvidado como respirar correctamente.
Necesitas volver a respirar a nivel de diafragma en lugar de a nivel del tórax (pecho inflado), y para lograrlo, pon tu mano en la boca de tu estómago, en la parte superior, y respira de tal manera que se infle tu panza. Lo vas a hacer de la siguiente manera:
4 segundos inhalando
4 segundos reteniendo el aire
4 segundos exhalando
Vas a hacer esto, cada 2 horas, durante el tiempo que consideres necesario, puede ser un día, un mes o todo un año, con tal de que vuelvas a aprender a respirar.
2. Escanéate y observa tu respiración
El escaneo es una técnica de mindfulness, en la que cada hora del día haces un alto, una pausa de tu correr y de tus actividades, contactas con tu cuerpo y observas tu respiración, sin cambiarla, sin modificarla o juzgarla, simplemente la observas durante 5 minutos.
Puedes poner tu alarma para lograrlo.
¿Cómo puedes mejorar algo si no lo observas? ¿Si no lo conoces? Este ejercicio te ayudará a estar en contacto con tu respiración y poder hacer algo al respecto.
3. Haz ejercicio aeróbico de baja intensidad
Necesitas liberar toda esa adrenalina y cortisol acumulado en tu cuerpo que te mantiene tenso y te hace sentir que te ahogas, es muy importante que por lo menos 3 veces a la semana, hagas un ejercicio físico que te implique sudar.
Es probable que al principio inclusive te sientas extraño o con un malestar físico, bueno, es normal… es tu cuerpo desintoxicándose, sacando toda esa energía acumulada, claro que te sientes extraño. Pero no dura para siempre, y es importante que te mantengas.
4. Identifica dentro de ti…
En qué te sientes ahogado, qué emociones y enojos te tragas, qué te presiona en tu vida, qué te quita el aliento, qué te ahoga.
Una vez que lo identifiques, empieza por aceptar la situación tal y como es, y después pregúntate qué quieres hacer al respecto.
5. Deja de asustarte
En el momento en el que sientas que te ahogas o que te empieza a dar taquicardia, es muy muy muy importante que dejes de asustarte, y que creas en lo que te voy a decir: no te vas a morir por ahogamiento.  Si si te pudieras morir, ya te hubieras muerto, y… supongo que estás vivo leyendo esto, así es que necesitas realmente creer que no va a pasar nada malo.
Acepta la sensación, se que se siente desagradable, pero cuando llegue, acéptala, déjala estar, obsérvala, y déjala pasar.
Y realmente cree que el oxígeno no se termina nada más porque tú así lo sientes, que realmente no te estás ahogando nada más porque sí.
6. Aprende a relajarte
Tu eres el que tensa tu cuerpo, tu eres el que puede relajarlo.  No necesitas de algo externo que te ayude, tú puedes lograrlo poniéndole atención a tu cuerpo, observando cómo está a cada rato del día, y simplemente respirar profundo y relajar la tensión.
Aprende ejercicios físicos para relajarlo, practica y practica, pues si llevas tanto tiempo tensándolo, necesitas mínimo la mitad de ese tiempo que llevas para practicar a relajarlo, hasta que te salga natural.
Hasta que tu cuerpo regrese a su equilibrio, aprendas a respirar, y te liberes de todo aquello que te ahoga en la vida, dejarás de sentir que te ahogas, pero mientras tanto, acéptalo tal y como es.

En conclusión

El sentir que te ahogas te está pidiendo que abras tu pecho y que aprendas a respirar y relajarte, que bajes el ritmo en el que llevas tu vida actualmente y que recuperes tu equilibrio interior.
Psicóloga, fundadora de Desansiedad

http://saikualternativo.blogspot.com.ar/

viernes, 16 de abril de 2021

Los nadies. Eduardo Galeano.

 


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. 
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada. 
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: 
Que no son, aunque sean. 
Que no hablan idiomas, sino dialectos. 
Que no profesan religiones, sino supersticiones. 
Que no hacen arte, sino artesanía. 
Que no practican cultura, sino folklore. 
Que no son seres humanos, sino recursos humanos. 
Que no tienen cara, sino brazos. 
Que no tienen nombre, sino número. 
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. 
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.