lunes, 13 de enero de 2020

La luna vino a la fragua...

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.

Federico García Lorca.


La imagen puede contener: nube, cielo, exterior y naturaleza
..

DESPUÉS DE ALGUNOS DÍAS ENTENDÍ...




"Un día, la vida me golpeó tan fuerte que me enseñó a resistir.

Un día, me mintieron de tal forma que me dolió y entonces aprendí a ir siempre de frente con la verdad.

Un día, me falló quien menos imaginaba y entendí que las palabras hay que cumplirlas y de los actos, hacerse cargo.

Además, un día lastimé a alguien y fue ahí cuando aprendí a pedir perdón.

Un día lo viví triste y cuando llegó la noche me di cuenta que es mucho más mejor sonreír que llorar.

Otro día, perdí mi tiempo con cosas que no valían la pena y noté que la vida pasa demasiado rápido para perdérsela esperando algo que nunca va a pasar.

Un día, descubrí que tiene sentido tener ideales y pelear por lo que uno siente."

La imagen puede contener: noche

CarpeDiem


"Supongamos que cada mañana al levantarte te encuentras 1440€ sin hacer nada para ganarlos, sin esfuerzo alguno.
Puedes regalarlos, gastarlos, divertirte con ellos o quemarlos. La única condición, es que los que NO uses al final del día se perderán y no habrá opción de recuperarlos...

....Así funciona la vida.--

La diferencia es que, lo que te encuentras cada día son 1440 minutos y no euros,piensa bien lo que vas hacer con ellos... por que no volverán...."

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jueves, 9 de enero de 2020

UN BUEN CONSEJO









La verdad sobre Hipatia


Del blog:


Filosofia Hoy

Enlace: http://filosofiahoy.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/relcategoria.4210/idpag.6102/relcategoriaPrincipal./v_mod.pags/v_mem.listado/chk.165f0cebd95207aea65e6739471a4f27.html


Resultado de imagen de la verdad sobre hipatia de alejandria

Al morir como murió, entró en la leyenda. Fue la primera científica, filósofa neoplatónica y fiel a los dioses paganos. Un arquetipo femenino que a lo largo de la historia cada uno ha interpretado según sus necesidades sicológicas.



Hipatia nació en Alejandría, capital de la provincia romana de Egipto, hacia el año 355, o 370, según las ultimas investigaciones. No se tienen datos sobre su madre, pero sí sobre su padre, el filósofo y matemático Teón, que estimuló su educación para que fuera “un ser humano perfecto”. Recibió, pues, Hipatia una formación científica muy completa. Practicaba rutinas diarias para mantener un cuerpo saludable y una mente activa, en contraste con las mujeres de su época, apartadas del conocimiento y relegadas a los gineceos. Con el tiempo se convertiría en una mujer brillante, competente en todo, y, según se dice, muy hermosa. Pero no quiso casarse y permaneció virgen para dedicarse por completo a cultivar su inteligencia. Su padre trabajaba en el Sarapeo, institución fundada por Tolomeo I, el sucesor de Alejandro Magno, dedicada a la investigación y la enseñanza. Su biblioteca se consideraba hermana menor de la legendaria Gran Biblioteca de Alejandría, destruida en algún momento de los siglos III/IV. Allí vivían más de cien profesores fijos y muchos invitados. Hipatia estudió en el Sarapeo y formó parte de él hasta su muerte. Incluso lo dirigió hacia el año 400. También obtuvo la cátedra de filosofía platónica, por lo que sus amigos la llamaban “la filósofa”.


Maestra y discípulos


Hacia el año 400, Hipatia encabezaba a los filósofos neoplatónicos alejandrinos y se dedicaba con pasión a la enseñanza. A su casa acudían estudiantes de todo el Oriente Medio, atraídos por su fama. Llegaban de Cirene, Siria y Alejandría, de la Tebaida y de la capital del Imperio. Era una selecta escuela de aristócratas con alumnos paganos y cristianos, ninguno perturbado en sus convicciones por su maestra. Su discípulo preferido, el cristiano Sinesio de Cirene, expuso con elocuencia la devoción que la carismática Hipatia inspiraba a sus alumnos: “Madre, hermana y profesora, además de benefactora y todo cuanto sea honrado, tanto de nombre como de hecho”. Sinesio, que llegaría a ser obispo de Ptolemaida, mantuvo una intensa correspondencia con su maestra en la que se menciona a otros discípulos, desde Herculiano hasta Orestes, que era el Prefecto imperial al morir Hipatia… Todos ellos hijos de familias poderosas, muchos llegarían a ocupar altos cargos. Hipatia tenía un concepto aristocrático de la filosofía y no se interesó por las clases populares, ni empatizó con las mujeres. No tuvo discípulas. Su misión moral, a la que estaba entregada, la ponía muy por encima de su propio sexo. Se podía decir de ella lo que Empédocles, el pitagórico, decía de sí mismo: “En una ocasión fui dos cosas, hombre y mujer”.


Sobresaliente en ciencias 

En su época, el saber se consideraba un todo y no era raro que los filósofos fueran también científicos. Era su caso. Sabía matemáticas, astronomía, música... Sus escritos se han perdido, pero hay muchas referencias a ellos, gracias a sus discípulos Sinesio de Cirene y Hesiquio de Alejandría, el Hebreo. Su trabajo más extenso fue sobre álgebra: un comentario a la Aritmética de Diofanto, el padre de los números enteros, que incluía soluciones alternativas y nuevos problemas. También escribió un tratado sobre la Geometría de las Cónicas de Apolonio y colaboró con su padre en la revisión, mejora y edición de los Elementos de la Geometría de Euclides. Redactó también un Canon de Astronomía, y revisó las Tablas Astronómicas de Claudio Tolomeo.
También le interesaban los aparatos. Las Cartas de Sinesio recogen sus diseños para varios instrumentos, incluyendo un astrolabio plano que mejoraba los antiguos para medir la posición de las estrellas, los planetas y el Sol. Desarrolló un aparato para la destilación del agua, un hidroscopio para medir su presencia y su nivel y un hidrómetro que determinaba el peso específico de los líquidos. También se le atribuye la invención del aerómetro, para medir las propiedades físicas del aire u otros gases.

La violenta Alejandría 

Era un avispero lleno de avispas letales. Teodosio I convirtió al llamado catolicismo en religión del Estado y eso había irritado tanto a los paganos como a las facciones cristianas excluidas, que se veían de pronto consideradas heréticas. Durante las décadas siguientes hubo en Alejandría enfrentamientos incluso violentos y los filósofos como Hipatia sufrieron fuertes presiones para convertirse al cristianismo. Algunos lo hicieron, pero Hipatia se negó, a pesar de los consejos de su discípulo Orestes: su mente investigadora debía ser incompatible con una religión dogmática. Además, confiaba en su buena relación con la élite intelectual cristiana, que la consideraba un modelo de virtud. Su influencia en la ciudad era enorme, incluso aconsejaba a Orestes, ya nombrado representante del Emperador, en los asuntos municipales.
El Patriarca de Alejandría era en aquel momento el copto Teófilo, ambicioso y enérgico. En el año 391 había convencido al Emperador para derribar los templos paganos de la ciudad, entre ellos el Serapeo, destruyendo su biblioteca, tan amada por Hipatia. Ello provocó disturbios sangrientos entre paganos y cristianos pero Hipatia procuraba no enfrentarse con Teófilo. Al morir este, le sucedió su sobrino Cirilo que siguió con la política de su tío: presión contra los paganos, herejes y judíos y resistencia ante Constantinopla. Así surgió la amarga hostilidad entre Cirilo y Orestes, que debía defender el poder absoluto del Emperador. En esa pinza quedaría atrapada Hipatia.
Existía en ese momento un odio visceral entre cristianos y judíos, estos protegidos por Orestes. Hubo violentos motines antijudíos, azuzados por Cirilo. Orestes se quejó al Emperador y rechazó los intentos de reconciliación de Cirilo. Ahí se cerró la trampa. Del desierto de Nitria llegaron 500 monjes belicosos dispuestos a defender a su Patriarca que atacaron físicamente a Orestes llamándole idólatra. Y aunque él se defendió gritando que era cristiano, fue herido por el monje Amonio. Era un delito contra el Emperador: Amonio fue torturado y muerto, y Cirilo, en revancha, le consagró como mártir cristiano. La ruptura entre el Patriarca y el representante imperial era ya absoluta.


La muerte de Hipatia


Alejandría se llenó de rumores. ¿Por qué era aquella Hipatia tan influyente? No era popular entre el pueblo llano, lo que fue aprovechado por los agitadores del Patriarca para lanzar la peor de las insidias. ¿No sería una bruja, practicante de la magia negra, fomentadora de la discordia entre Cirilo y Orestes? Y la crisis se desencadenó. Era el año 415. En plena cuaresma, una turba, quizás de monjes encolerizados, asaltó a la filósofa al volver a su casa. La arrastraron por toda la ciudad hasta llegar al Cesáreo, magnífico templo edificado por Augusto y convertido en catedral de Alejandría. Allí la desnudaron y la descuartizaron con piedras afiladas y conchas de ostras. Sus restos fueron llevados en triunfo hasta el Cinareo, quizás un crematorio, donde los quemaron para que nadie pudiese recuperarlos.
Al morir, Hipatia no era la bella joven que dicen las leyendas. Tenía entre 40 y 60 años, según la fecha de nacimiento que se acepte. ¿Murió por ser pagana y no aceptar la conversión? No exactamente. Su asesinato, aunque en el marco de la hostilidad cristiana contra el paganismo, fue una consecuencia directa de la tensión entre el patriarcado alejandrino, encarnado por Cirilo, y el poder imperial, representado por Orestes. Una especie de advertencia siniestra lanzada al Prefecto por el Patriarca: “Lo que le ha pasado a Hipatia también podría pasarte a ti”. Con las fuentes que hoy tenemos, es imposible saber si Cirilo orquestó el ataque o si sus irascibles partidarios lo llevaron a cabo a sus espaldas. Pero sin duda fue su instigador, responsable moral de la campaña contra Hipatia.



Un escándalo histórico


Tanto los detalles truculentos del crimen como la impunidad de los asesinos convirtieron la muerte de Hipatia en un escándalo histórico perdurable. El Emperador Teodosio II quiso castigar a Cirilo, pero al final se limitó a retirarle los 500 monjes que le servían de guardia. Además, a su muerte fue declarado santo y doctor de la Iglesia. Pero el asesinato de Hipatia no fue olvidado. La inmediata posteridad condenó a Cirilo casi sin reservas: el historiador bizantino Juan Malalas (siglo VI) daba por cierta su inducción al crimen y culpaba del acto criminal a los ciudadanos alejandrinos, violentos y “acostumbrados a toda licencia”. En la misma época, Juan de Éfeso los llamaba “horda de bárbaros inspirada por Satán”. Incluso la Suda, enciclopedia bizantina del siglo XI, atribuye el asesinato al carácter feroz de los alejandrinos.


SUS ENSEÑANZAS FILOSÓFICAS

Según Damascio, filósofo pagano del siglo VI, Hipatia era «de naturaleza más noble que su padre y no se conformó con las ciencias matemáticas, sino que se dedicó a las filosóficas con mucha entrega». La insuficiencia de las fuentes que tenemos nos obliga a especular sobre su filosofía: comentaba –no sabemos con qué aportaciones personales– los textos y la doctrina de Platón y formaba parte de esa élite pagana que seguía fiel a las antiguas creencias y velaba por el legado clásico en un imperio conquistado por el cristianismo.

Basaba sus enseñanzas en las de Plotino, el fundador del Neoplatonismo, y quizás utilizaba los Oráculos Caldeos, la biblia neoplatónica, que incluye ciertas doctrinas esotérico-religiosas. Pero no las ponía en práctica: era una helenista cultural que rechazaba los ritos mágicos y no hacía sacrificios a los dioses. Su trato con cristianos y su buena relación con las autoridades religiosas demuestran que no fue una pagana militante.

Las clases de Hipatia eran diálogos sobre temas éticos y religiosos. Compartía con sus alumnos experiencias de gran intensidad, que no se debían a prácticas milagreras, sino al esfuerzo mental que realizaban juntos.

Transmitía sus ideas filosóficas con un énfasis casi científico y defendía con gran celo el sentido sagrado de la investigación filosófica. Su sabiduría y autoridad espiritual la habían convertido en guía de sus discípulos. Apoyada en Platón, ella despertaba su instinto filosófico, les instaba a escapar de la realidad banal para dirigirse hacia la trascendental.

Con un esfuerzo enérgico de la inteligencia y el corazón, cada uno debía llegar a descubrir su propio ojo interior: ese ojo intelectual, hijo luminoso de la razón, que capacita al individuo para romper las cadenas de la materia.

Esa chispa encendida por Hipatia podía llegar a convertirse en una gran llama de conocimiento, estación final del viaje del alma que el neoplatónico Plotino denominaba anagogue: ascensión hacia la divinidad. Lograda la meta filosófica, el espíritu estaba listo para la verdadera realidad, más allá del pensamiento y del lenguaje.

 Lograr esa experiencia significaba alcanzar la verdadera vida. En adelante, esa vida, guiada por la razón filosófica, se dedicaría a buscar lo trascendental y a procurar la fusión con lo divino, en una dimensión más alta de la existencia. La felicidad de esta unión era tan intensa que todos los discípulos de Hipatia la deseaban.

Durante esa búsqueda, el ser humano debía desprenderse de las inquietudes del mundo. Eso requería esfuerzo cognitivo y perfección ética. Hipatia podía aplicar duras medidas pedagógicas a los alumnos que no aceptaban esa verdad básica, como demuestra la anécdota contada por Damascio: uno de sus discípulos le confesó que estaba enamorado de ella. E Hipatia, entregándole su paño menstrual, le dijo:
“Esto es lo que amas y no tiene nada de hermoso”.

La historia, sin duda reveladora para los psicoanalistas modernos, manifiesta el desinterés de Hipatia hacia la sensualidad, así como una energía de carácter poco común y gran fortaleza ética. Quiso demostrar a su discípulo que la belleza no reside en un objeto concreto, el cuerpo de Hipatia. Los cuerpos no son más que imágenes, huellas, sobras. A Hipatia, como a Plotino, no le interesaban esas bellezas relativas; quería despertar en sus alumnos el hambre intelectual por la belleza última, la hermosura del conocimiento.  

❖ Marisa Pérez Bodegas





El economista que definió las cinco leyes infalibles de la estupidez humana




El breve texto en el que Carlo Maria Cipolla recogía los principios que distinguen a aquellos que se perjudican a sí mismos y a los que los rodean es un clásico que no pasa de moda
Foto: Carlo Cipolla falleció en el año 2000.
Carlo Cipolla falleció en el año 2000.
El perro del hortelano ni comía ni dejaba comer, y los estúpidos perjudican a los demás sin obtener a cambio ningún beneficio. Esa es la regla de oro de la estupidez humana que el economista italiano Carlo Maria Cipolla enunció a mediados de los años setenta, pero que sigue vigente hoy: la estulticia es atemporal. Su breve texto es de las grandes piezas de filosofía satírica de la segunda mitad del siglo XX, que avisaba a los lectores sobre el gran peligro social que suponen los estúpidos. Se entiende, claro está, que ni Cipolla ni el propio lector será uno de ellos, aunque la estadística diga lo contrario.
La historia de 'Las leyes básicas de la estupidez humana' tiene su gracia. Fueron escritas en 1976, mientras Cipolla, que había estudiado en la universidad de Pavía en su universidad natal, impartía Historia de la Economía en Berkeley. Al parecer, California y su industria de la banalidad le inspiraron para llevar a cabo su obra magna. En ocasiones, el texto circulaba de forma anónima, hasta que finalmente fue impreso en negro sobre blanco a finales de los 80, en el libro de Cipolla 'Allegro ma non troppo', que tuvo edición en castellano. No fue su intención obtener rédito económico del asunto: siempre permitió su reproducción gratuita.


Una de las grandes creaciones de la naturaleza es haber distribuido la estupidez de manera equitativa por todas las clases sociales, razas y condiciones


El texto tiene sus raíces en la filosofía utilitarista de Jeremy Bentham y su máxima “todo acto humano, norma o institución deben ser juzgados según la utilidad que tiene, esto es, según el placer o sufrimiento que producen en las personas”, aunque también pueda relacionarse con la teoría de juegos. Como toda sátira intelectual, ha terminado por convertirse en un lugar común para columnistas necesitados de referencias cultistas, pero puede resultar iluminador también en este 2019 en el que tendremos que enfrentarnos a más de un estúpido. O, peor aún, quizá el estúpido seamos nosotros y aún no lo sepamos.

Regla número 1: “Siempre, e inevitablemente, todo el mundo infravalora el número de estúpidos en circulación”
Poco generoso, ¿verdad?, pregunta al lector Cipolla. La realidad confirma esta tesis. Continuamente nos sorprendemos al descubrir cómo personas que considerábamos racionales se comportan de forma “desvergonzadamente estúpida”, y cómo estos actos de maldad inconscientes afloran “en los peores lugares en los peores momentos”. Cualquier estimación sería tirar por lo bajo, así que el italiano prefería darle un símbolo, el σ. Como un Elvis con tupé.

Regla número 2: “La probabilidad de que determinada persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica”
Yo puedo ser estúpido (es altamente probable), usted puede serlo (por supuesto que no), lo puede ser el rey y lo puede ser el primer niño nacido en España en 2019. Uno de los grandes milagros de la naturaleza es haber distribuido la estupidez de manera equitativa por todas las clases sociales, razas y condiciones sociales.
“Uno es estúpido de la misma forma en que es pelirrojo, o de un grupo sanguíneo determinado”, avisaba el economista. Para demostrarlo, Cipolla se lanzó a escrudiñar a sus compañeros de universidad. Había estúpidos entre los currelas, entre el personal de oficina, entre los estudiantes (esto no le debió de sorprender demasiado) y entre los catedráticos, así que ¿por qué no ir un poco más allá? “Desconcertado por los resultados, extendí mi investigación a un grupo particularmente selecto, a una verdadera élite, los ganadores del premio Nobel”. El resultado confirmó, en sus palabras, los poderes supremos de la naturaleza: “Una parte de los ganadores del Nobel son estúpidos”.

Regla número 3 o de oro: “Un estúpido es una persona que ocasiona pérdidas a otra persona o a un grupo sin que él se lleve nada o incluso salga perdiendo”
El sátiro economista trazaba una taxonomía de las personas según el coste y beneficio de sus actos. El indefenso sale perdiendo mientras los otros ganan; el inteligente sale ganando al mismo tiempo que los demás también lo hacen; y el bandido se beneficia en la medida en que los demás aslen perdiendo. Pero el estúpido, amigos, es el que hace que todos, incluido él mismo, pierda. ¿Cómo es posible que haya gente así?, se pregunta el economista. No hay ninguna explicación. Bueno, sí, hay una: “La persona en cuestión es estúpida”.
Aquí es donde aflora uno de los corolarios más interesante de la teoría de Cipolla. La gente, estúpida o no, no suele ser consistente. Por ejemplo, un bandido perfecto sería aquel que obtuviese continuamente un beneficio exactamente igual a las pérdidas de su víctima; un ladrón de guante blanco y fuertes principios. El profesor utiliza el ejemplo de un robo, en el que cual lo que se sustrae simplemente pasa de un bolsillo a otro (aunque podría argumentarse que causa un coste emocional en este último al haber sido agredido). Sin embargo, la mayoría terminan causando más pérdidas a su entorno que beneficios, lo que les hace más cercanos a los estúpidos.


Uno puede intentar ganarle la partida a un estúpido durante un tiempo, pero terminará siendo pulverizado por sus movimientos erráticos



Regla número 4: “Los no estúpidos siempre infravaloran el poder dañino de los estúpidos. En concreto, olvidan constantemente que en todos los momentos y lugares y bajo cualquier circunstancia tratar o asociarse con estúpidos siempre suele ser un error costoso”
La mayor equivocación que comete la gente inteligente es pensar que casi todos son como ellos, y que, incluso aquellos que no lo son, pueden ser manipulados. Nada de intentar engañarlos: terminarás saliendo perdiendo. “Uno puede intentar ganarle la partida a un estúpido y, hasta cierto punto, puede hacerlo”, explica el profesor. “Pero a causa de su comportamiento errático, uno no puede prever todas las acciones y reacciones del estúpido y por lo tanto, terminará siendo pulverizado por sus movimientos impredecibles”. El terreno en el que se encuentran cómodos los idiotas es en el caos. Y ya se sabe, el que se acuesta con niños...

Regla número 5: “Una persona estúpida es lo más peligroso” / Corolario: “Una persona estúpida es más peligrosa que un bandido”
El punto clave de la filosofía de Cipolla, y quizá por ello mismo el más polémico. Veamos: “Después de la actuación de un bandido perfecto este tiene obtiene un beneficio que es exactamente igual a lo que ha perdido la otra persona. La sociedad en su conjunto no sale perdiendo ni ganando. Si todos los miembros fuesen bandidos perfectos, la sociedad permanecería igual y no había grandes problemas”. La diferencia es que los estúpidos no ocasionan ese equilibrio en la sociedad: simplemente, la hacen peor.
La gran pregunta por lo tanto, es si de verdad es preferible una sociedad de bandidos a una de estúpidos. Es lo que se deduce de la (irónica) teoría de Cipolla, con todo lo que ello implica. ¿Es mejor una sociedad donde todo el mundo se robe mutuamente, porque ello causaría un nuevo equilibrio? ¿Se produciría un estado de homeostasis en el que, finalmente, nadie saliese ni ganando ni perdiendo? Hay que entender que la explicación de Cipolla es puramente teórica. Pero también puede verse en esa simpatía por el bandido probablemente denote la verdadera ideología de “tonto el último” que ha caracterizado a la economía ortodoxa de las últimas décadas.

El poder de la estupidez
El profesor italiano presentaba en su divertido razonamiento un apartado en el que resaltaba el poder sin límites de los estúpidos, que como el diablo de 'Sospechosos habituales', han convencido a los demás de que no existen. “Son peligrosos y dañinos porque para la gente razonable es difícil imaginar y entender su comportamiento irracional”, recordaba. Alguien inteligente, una vez más, entendería perfectamente comprensible al bandido, pero no al estúpido, lo que los hace particularmente venenosos. Su marco mental es otro: “a) Uno es fácimente sorprendido por sus ataques, b) Incluso cuando no lo hace, no puede organizar una defensa racional, porque su ataque carece de cualquier estructura”. En otras palabras, apelando a la célebre frase atribuida a Mark Twain, “nunca discutas con un ignorante, te hará descender a tu nivel y ahí te vencerá por experiencia”.




martes, 7 de enero de 2020

SOLIDARIDAD

Dime cuánto pesa un copo de nieve -, preguntó un colibrí a una paloma.

- Nada -, fue la respuesta.

- Si es así, he de contarte una historia -, dijo el colibrí.

Me posé en la rama de un pino, cerca de su tronco. Empezaba a nevar, no era nieve de una gran tempestad, era como un sueño sin ninguna herida ni violencia. Como no tenía nada que hacer empecé a contar los copos mientras caían sobre las ramas de mi tronco. El número exacto fue 1.141.952. Cuando cayó el siguiente copo (sin peso, como tú dices) la rama se rompió.

Dicho esto, el colibrí levantó el vuelo.

La paloma, una autoridad en la materia desde los tiempos de Noé, se paró a reflexionar y, pasados unos minutos, se dijo:

Quizá sea sólo necesaria la colaboración de una persona más para que la solidaridad se abra camino en el mundo.

Kurt Kaufer - Jatun Sunqu

La solidaridad, todo el mundo sabe lo que es pero no todos la practican. Aceptar como nuestro el problema ajeno, desprendernos de lo nuestro en favor del otro, es no sólo una virtud sino la única vía de supervivencia que le queda al hombre y al mundo como colectividad.

Es hermoso ser solidario por amor pero a falta de esto, y aunque parezca una paradoja, tendríamos que serlo por egoísmo.

Miguel Delibes en El Libro de la Solidaridad de Jatun Sunqu" Corazón grande"